La ley no siempre coincide con la ética, planteando la cuestión: ¿es justo todo lo que es legal? El principio «Non omne quod licet honestum est» destaca esta brecha, instando a considerar la honestidad y la integridad, más allá de la mera legalidad, para construir una sociedad más justa.
En el entramado legal, no todas las acciones permitidas por la ley coinciden con principios éticos. Emerge una pregunta fundamental: ¿Es todo lo legal, necesariamente honesto? El principio latino «Non omne quod licet honestum est» aborda esta interrogante, destacando una distinción crucial entre la legalidad y la honestidad, y sugiriendo que no todo lo que la ley permite es éticamente aceptable. A menudo, la legislación se enfoca en mantener el orden y proteger derechos, sin abordar profundamente la moralidad subyacente de las acciones. Esta brecha entre lo legal y lo ético nos invita a reflexionar sobre la necesidad de guiar nuestras decisiones no solo por la conformidad con las normas, sino también por un compromiso con la honestidad y la integridad, asegurando así que nuestras acciones contribuyan positivamente a la sociedad más allá de la mera legalidad.
Originario de la filosofía romana, este principio ha servido como una guía ética a lo largo de los siglos, influenciando tanto a pensadores como a legisladores. Los juristas de la Antigua Roma ya debatían acerca de las limitaciones de las leyes, que regulan las acciones externas pero a menudo no alcanzan a mediar la moralidad intrínseca de los actos. Hoy, esta reflexión sigue siendo pertinente en un mundo donde la legalidad y la ética frecuentemente parecen divergir.
En la era moderna, el principio «No todo lo que es lícito es honesto” se manifiesta en múltiples aspectos del derecho y la gobernanza. Desde prácticas empresariales hasta maniobras políticas, numerosas actividades legalmente permitidas son puestas en tela de juicio por la sociedad debido a sus implicaciones morales. A continuación, se presentan ejemplos de cada ámbito que ilustran cómo acciones legales pueden, sin embargo, cruzar líneas éticas:
EJEMPLOS EMPRESARIALES
- OPTIMIZACIÓN FISCAL AGRESIVA: Algunas empresas utilizan complejas estructuras financieras y jurisdicciones con baja tributación para reducir sus obligaciones fiscales en México. Aunque estas prácticas pueden ser legales, a menudo se perciben como una forma de evasión de la responsabilidad social de contribuir equitativamente al bienestar público.
- EXPLOTACIÓN LABORAL DENTRO DEL MARCO LEGAL: Aprovechando lagunas en la legislación laboral, ciertas empresas cumplen apenas con los mínimos requisitos legales, pagando salarios bajos y evitando ofrecer beneficios adecuados a sus empleados, lo cual plantea cuestiones éticas sobre el trato justo a los trabajadores.
- PUBLICIDAD ENGAÑOSA: Empresas que, dentro de los límites legales, emplean tácticas de marketing que, aunque no incurren directamente en falsedades, pueden inducir a error a los consumidores sobre la calidad o el origen de un producto.
- MANEJO DE DESASTRES ECOLÓGICOS: Compañías que cumplen con las regulaciones ambientales mínimas necesarias, pero eligen no implementar prácticas más sostenibles o medidas preventivas adicionales, lo que puede llevar a desastres ambientales que tienen efectos duraderos en las comunidades y ecosistemas locales.
¿Hasta qué punto la responsabilidad ética de las empresas debería ir más allá del cumplimiento legal, especialmente en contextos donde las leyes no cubren plenamente los estándares de justicia social y ambiental?
EJEMPLOS POLÍTICOS
- ASIGNACIÓN DE CONTRATOS PÚBLICOS: Políticos que utilizan su influencia para asignar contratos a empresas afines o a cambio de beneficios personales, lo cual, aunque puede ser legal bajo ciertas circunstancias administrativas, erosiona la transparencia y la equidad en el proceso de licitación pública.
- REFORMAS LEGISLATIVAS CON BENEFICIOS PARTICULARES: Legisladores que promueven reformas legales que, si bien son legales, están diseñadas para beneficiar a sectores específicos o a grupos de poder en lugar de al bienestar general, cuestionando la integridad y la representatividad de sus acciones.
- USO DE RECURSOS PÚBLICOS EN CAMPAÑAS: Aunque hay límites legales claros, algunos políticos encuentran maneras de utilizar recursos públicos para campañas electorales de manera que no siempre es transparente o éticamente aceptable.
- NEGOCIACIONES DE PAZ CON GRUPOS DELICTIVOS: Estrategias gubernamentales que, buscando la paz social, negocian discretamente con grupos delictivos. Estas prácticas, aunque pueden ser legales y buscadas como soluciones prácticas, plantean serias dudas éticas sobre la legitimidad y las consecuencias a largo plazo.
¿Deberían los políticos ser juzgados no solo por la legalidad, sino también por la moralidad de sus acciones, especialmente cuando estas decisiones afectan la transparencia y equidad de los procesos gubernamentales?
Estos ejemplos reflejan cómo el cumplimiento de la ley no siempre se alinea con los principios éticos y morales, destacando la importancia de una evaluación crítica de nuestras prácticas tanto en los ámbitos empresariales como políticos.
LA ÉTICA COMO BRÚJULA EN UN MARCO LEGAL
La ética se refiere a un conjunto de principios morales que guían nuestro comportamiento en la sociedad. Estos principios no siempre están codificados en leyes, pero actúan como una brújula moral que nos orienta hacia acciones consideradas justas y correctas dentro de un contexto cultural o social determinado. La distinción entre lo que es legal y lo que es honesto resalta precisamente la importancia de adherirse no solo a la ley, sino también a los principios éticos. Mientras que las leyes establecen las bases mínimas para el comportamiento aceptable, la ética nos empuja hacia estándares más altos de conducta.
Por ejemplo, en el contexto legal, una acción puede ser totalmente permisible sin transgredir ninguna ley. Sin embargo, desde una perspectiva ética, la misma acción podría ser considerada injusta, deshonesta, o dañina para la sociedad o para individuos específicos. Es aquí donde la ética se convierte en una herramienta crítica para evaluar nuestras acciones más allá de la legalidad, mirando hacia la rectitud y la justicia.
Este enfoque ético no solo se aplica a las decisiones individuales, sino que es crucial para el desarrollo de políticas y prácticas en organizaciones y gobiernos. Promover la honestidad y la integridad ayuda a construir una sociedad más equitativa y justa, donde las decisiones se toman considerando el bienestar común y no solo la conformidad con las normas legales. Por lo tanto, la ética actúa como una brújula moral que nos guía hacia un mejor discernimiento y hacia la adopción de prácticas que realmente enriquecen y mejoran la sociedad.
La distinción entre lo que es legal y lo que es honesto subraya la importancia de poseer una brújula moral robusta. Mientras que adherirse a la ley es indispensable, aspirar a la honestidad y la integridad es crucial para el desarrollo de una sociedad equitativa y justa. Este principio nos incita a evaluar nuestras acciones no solo a través del prisma de la legalidad, sino también del de la rectitud y la justicia.
EL DEBATE PÚBLICO
A lo largo de la historia, numerosos casos han demostrado que no todas las acciones legales reflejan un comportamiento honesto. Por ejemplo, las estrategias de minimización de impuestos, que son completamente legales, han generado intensos debates sobre justicia social y responsabilidad moral. Estas situaciones subrayan la brecha que puede existir entre la ley y la ética, y destacan la importancia de fomentar un diálogo público. Es crucial que, mediante la comunicación abierta, la transparencia y el diálogo continuo, la sociedad desaliente el uso de prácticas que, aunque legalmente válidas, son éticamente cuestionables. Este enfoque colectivo puede guiar a empresas y políticos hacia decisiones que no solo cumplan con la ley, sino que también se adhieran a principios éticos más elevados, fortaleciendo así el tejido moral de nuestra comunidad.
¿Cómo pueden las sociedades asegurar que las leyes y regulaciones reflejen no solo necesidades legales, sino también imperativos éticos, para evitar la legitimación de prácticas que son legalmente aceptables, pero éticamente reprochables?
El principio «Non omne quod licet honestum est» nos recuerda que la ley y la moral no siempre son coincidentes y que, como sociedad y especialmente como profesionales del derecho, debemos perseguir no solo la legalidad sino también la honestidad en nuestras acciones. Al enfocarnos en estos valores, contribuimos a la creación de una comunidad más justa y ética, reafirmando que la verdadera justicia va más allá de la simple adherencia a la ley.
Dr. Eric Miravete Granja
@EmiraveteG
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