El Hechizo de la Honestidad Selectiva: «Non Omne Quod Licet Honestum Est»
En el reino de Legalia, famoso por sus intrincadas leyes y argucias legales, existe un antiguo hechizo que todos, desde el humilde campesino hasta el más grandioso de los jueces, temen pronunciar en voz alta: «Non omne quod licet honestum est.» Este sortilegio, que se traduce libremente como «no todo lo que es legal es honesto», parece provocar escalofríos incluso en los corazones más osados. Pero ¿por qué tanto miedo a estas simples palabras? Veamos cómo Legalia ha jugado con la línea entre la legalidad y la honestidad.
Primero, consideremos al astuto comerciante, Don Vendelotodo. Don, experto en encontrar vacíos legales, vende elixires que prometen desde curar la calvicie hasta promover la sabiduría instantánea. Aunque sus productos rara vez cumplen lo prometido, Don se escuda en el fino texto de la ley, que curiosamente siempre interpreta a su favor. Aquí, el hechizo murmura desde las sombras: «Non omne quod licet honestum est.» Mientras tanto, Don Vendelotodo sigue contando monedas de oro, ignorando el susurro del hechizo como si fuera el viento entre los árboles.
Por otro lado, está la noble jueza, La Magistrada Rectitud, conocida por su adhesión inquebrantable a la letra de la ley. En su sala, la ley se sigue al pie de la letra, sin importar el impacto humano detrás de las decisiones. Cuando una ley absurdamente anticuada obliga a un campesino a ceder la mitad de su cosecha por un impuesto medieval olvidado pero nunca derogado, la magistrada aplica la norma sin titubear, mientras que el hechizo susurra en los pasillos del tribunal.
Ahora, imaginen a los Legisladores de Legalia, quienes, en un frenesí de actividad legislativa, redactan leyes que son tan complejas y enrevesadas que ni ellos mismos parecen entender. Entre más enredadas las leyes, más seguros se sienten de que su habilidad para navegar este laberinto les concederá poder y privilegio. Y allí, en el meollo del desorden legal, resuena el eco de nuestro hechizo, recordando a todos que, aunque lo que hacen es legal, tal vez no sea lo más honesto.
Este hechizo, «Non omne quod licet honestum est», no es solo un recordatorio de que la legalidad no siempre es sinónimo de moralidad, sino un llamado a todos en Legalia (y más allá) para que reflexionen sobre la naturaleza de sus acciones. En un mundo donde lo permitido y lo correcto no siempre coinciden, este hechizo invita a un examen de conciencia. ¿Es suficiente adherirse a la ley, o debemos aspirar a algo más grande, algo verdaderamente honesto?
Así, mientras los ciudadanos de Legalia siguen navegando por su complicado paisaje legal, el hechizo sigue siendo un recordatorio incómodo pero necesario. Y aunque algunos prefieren ignorar su mensaje, siempre habrá quienes escuchen y, quizás, se atrevan a actuar con una honestidad que trasciende la mera legalidad. Porque, al final del día, «Non omne quod licet honestum est» podría ser el verdadero hechizo que Legalia necesita desesperadamente.





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